Lecturas de 2023: La Crisis de la Autoridad.
Natalia Velilla Antolín.
Primera edición: Septiembre 2023.
Arpa & Alfil Editores.
ISBN: 9788419558244

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En realidad, hemos cambiado unas autoridades por otras, pero seguimos deseando ser liderados. La autoridad est√° en crisis, pero entendamos ¬ęcrisis¬Ľ como cambio, no como devaluaci√≥n del concepto.

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[En un r√©gimen totalitario] Los derechos humanos y las libertades p√ļblicas se van aboliendo en beneficio de una mayor seguridad contra el ¬ęenemigo¬Ľ; el centro de poder se va desplazando constantemente, conviviendo el poder real (material) con el ostensible (formal); se usa la propaganda como medio de adoctrinamiento y educaci√≥n; se centraliza y controla la econom√≠a y, lo m√°s importante y particular, se utiliza el derecho a trav√©s de la manipulaci√≥n de la legalidad con el prop√≥sito de dar cobertura a las acciones desarrolladas por el Gobierno totalitario para lograr sus objetivos.

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La obediencia a la autoridad sin cuestionamiento puede convertir al individuo en un ser terriblemente cruel.

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La partitocracia es un hecho y la mansedumbre ciudadana ante la pérdida de poder popular, una dolorosa realidad. Estamos acostumbrados al ejercicio del poder de forma autoritaria, sin debate parlamentario, sin que cuenten con la sociedad civil y sin apenas control. Una autoridad cada vez más potestas en manos de unos pocos sin que seamos capaces de controlar la deriva populista que afecta a toda Europa y que amenaza seriamente al sistema democrático.
¬ŅNos gusta realmente la democracia?

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[En la cultura de la cancelaci√≥n] Habr√≠a que diferenciar en este fen√≥meno dos etapas: la primera, la de creaci√≥n de la opini√≥n considerada como v√°lida, est√°tica y sin matices, y la segunda, la de la ejecuci√≥n de las acciones que pretenden la eliminaci√≥n del sujeto que cuestiona o rechaza esa opini√≥n, algo mucho m√°s inercial. En la primera fase, el liderazgo de determinados pol√≠ticos, comunicadores y celebridades es imprescindible para generar ese ¬ęestado de opini√≥n¬Ľ. En la segunda fase, el protagonismo lo suelen ostentar los seguidores de aquellos, que enervan la acci√≥n de la masa para producir el efecto anulador.

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En la medida en la que la persona guarda silencio para no exteriorizar una determinada opinión por temor a ser cancelada, anatemizada o proscrita, la censura habra desplegado sus mas eficaces efectos. Es lo que en la doctrina jurisprudencial estadounidense se ha denominado el chilling effect o efecto disuasorio. Aunque este fenómeno ha sido estudiado en el ámbito penal, puede ser perfectamente aplicable a otros supuestos como el que ahora nos ocupa. El Tribunal Supremo de Estados Unidos se ha prodigado en definir en qué consiste el chilling effect, con ocasión, principalmente, de las consecuencias de la legislación aprobada durante la era McCarthy.

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En la jurisprudencia del TEDH est√° bien asentado el concepto de chilling effect para valorar la legitimidad de la injerencia en el derecho a la libertad de expresi√≥n. En Espa√Īa, el Tribunal Constitucional tambi√©n ha desarrollado el concepto, bas√°ndose precisamente en la jurisprudencia europea. Una de las mas sonadas fue la Sentencia 35/2020, de 25 de febrero, reca√≠da en el recurso de amparo interpuesto por el cantante conocido como Cesar Strawberry, que hab√≠a sido condenado por un delito de enaltecimiento del terrorismo y humillaci√≥n a las v√≠ctimas. En los hechos probados de la sentencia que Ie conden√≥ se recogieron los tuits que hab√≠an motivado la condena: ¬ęEl fascismo sin complejos de Aguirre me hace a√Īorar hasta los GRAPO¬Ľ; ¬ęA Ortega Lara habr√≠a que secuestrarle ahora¬Ľ o ¬ęStreet Fighter, edici√≥n post ETA: Ortega Lara versus Eduardo Madina¬Ľ, entre otros. El Tribunal Constitucional concedi√≥ el amparo revocando la condena y consider√≥ que, efectivamente, tal y como solicitaba el condenado, se hab√≠a vulnerado su derecho a la libertad de expresi√≥n con la condena impuesta por la Audiencia Nacional y ratificada por el Tribunal Supremo, haciendo especial referencia al efecto que la sentencia pod√≠a tener sobre terceros. As√≠, en el fundament√≥ jur√≠dico quinto, el m√°ximo garante e int√©rprete de la Constituci√≥n estableci√≥ que el Tribunal Supremo no hab√≠a valorado si la condena penal de los mensajes emitidos por el condenado podr√≠a producir un efecto de desaliento o acarrear la desnaturalizaci√≥n del derecho a la libertad de expresi√≥n por parte de quienes se propongan ejercitarla mediante la utilizaci√≥n de medios o contenidos similares.

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En el caso de las corrientes censoras y la cultura de la cancelaci√≥n, es obvio que lo que hace de este fen√≥meno un peligro real para la democracia por su efecto global es precisamente el efecto que provoca en terceros. El pensamiento cr√≠tico, el cuestionamiento o la introducci√≥n de matices a afirmaciones consideradas por la corriente imperante, produce, sin duda, una retracci√≥n de la opini√≥n y un abandono de los espacios p√ļblicos de quienes pueden aportar visiones distintas a las impuestas.

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Seguridad privada, empresas de ¬ędesokupaci√≥n¬Ľ, hipertrofia de la legitima defensa, publicaci√≥n de listados de delincuentes, aumento de penas, penalizaci√≥n novedosa de conductas, proliferaci√≥n de los delitos de odio por encima de nuestras posibilidades, acusaciones de lawfare, se√Īalamiento de jueces d√≠scolos que ponen supuestamente coto a acciones delictivas de personas pertenecientes a una determinada ideolog√≠a pol√≠tica, cultura de la cancelaci√≥n, linchamientos medi√°ticos, etc., el descredito de la potestas judicial construye un escenario peligros√≠simo.

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La potestas del Poder Judicial es garantía de democracia.

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Es lo que otro psicoanalista, Massimo Recalcati, ha analizado pormenorizadamente a trav√©s de obras como El secreto del hijo, donde valora de forma positiva la desaparici√≥n del rol tradicional de padre autoritario en beneficio de un progenitor afectivo y dialogante, pero apunta a las inconveniencias del rol paterno emp√°tico por considerar que los hijos necesitan encontrar obst√°culos (l√≠mites) en sus padres para hacer de la confrontaci√≥n una herramienta formativa. Este autor destac√≥ que los padres hipermodernos estar√≠an realmente obsesionados por obtener el amor de sus hijos y por ello evitar√≠an el conflicto con estos por temor a no resultar amables. Se habr√≠a producido una inversi√≥n de la cadena de generaciones en la que ya no ser√≠an los hijos los que quisieran sentirse reconocidos por los padres, como anta√Īo, sino a la inversa, ser√≠an los padres los que querr√≠an verse reconocidos por los hijos. La falta de l√≠mites educativos habr√≠a convertido a los v√°stagos en verdaderos directores de sus propias vidas, aun sin contar con la madurez suficiente para ello.

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Tanto la pérdida de la autoridad paterna como la devaluación de la autoridad de los docentes refuerzan el abandono del modelo de hombre kantiano que asume la responsabilidad de su propia vida, un modelo que construye futuros adultos que crecen sin el peso de las consecuencias de sus propias decisiones. El hombre posmoderno carece de límites y se sorprende cuando de sus actos se defivan efectos adversos o cuando la fuerza mayor causa perjuicios en su vida. Se culpa sistemáticamente a otros de lo malo que les sucede, incapaces de establecer una correlación entre acciones u omisiones y sus consecuencias.

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Considero de una irresponsabilidad sin paliativos que representantes populares por las urnas degraden el Parlamento utilizandolo como foro para realizar afirmaciones que suponen una voladura interna del sistema democratico. Criticar las acciones de otros partidos asimil√°ndolos a golpistas, okupas, fascistas o c√≥mplices de los terroristas supone un verdadero tiro en el pie. La desafecci√≥n de la ciudadania con este tipo de discursos ‚ÄĒen los que irremediablemente se siente insultada de manera indirecta en la medida que han votado a los atacados‚ÄĒ es terreno abonado para la a√Īoranza del l√≠der fuerte al que hacia referencia en cap√≠tulos anteriores. El descr√©dito de la democracia ha alcanzado cotas in√©ditas hasta la fecha, en gran parte por la falta de compromiso de los servidores p√ļblicos con la funci√≥n para la que han sido elegidos. La pasividad de los presidentes de las c√°maras y la condescendencia generalizada del resto de diputados y senadores del grupo al que pertenecen quienes as√≠ se expresan son las colaboradoras necesarios de todo ello.

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Como resultado tenemos un Poder Judicial paralizado, con un CGPJ mermado; un Tribunal Supremo sin efectivos, entre jubilaciones y fallecimientos; presidencias de altos tribunales sin cubrir, y un Tribunal Constitucional donde se prima mas la afinidad política que la calidad juridica. Se ha dejado de consultar al CGPJ, al Consejo de Estado y al Consejo Fiscal con carácter previo al dictado de las leyes. La ciudadania no confío en los políticos y se siente cada vez mas polarizada, mas enfrentada y mas proclive a pasar por alto el incumplimiento de las leyes o la vulneración de determinados derechos con tal de avanzar y conseguir resultados electorales.

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¬ŅEs esto positivo? ¬ŅTenemos la democracia que quer√≠amos? Si la respuesta es no, ¬Ņque vamos a hacer para remediarlo? No existe una alternativa v√°lida al sistema democr√°tico, como tristemente sabemos en este pa√≠s tras casi cuarenta a√Īos de dictadura. La democracia es el mayor hito pol√≠tico alcanzado por nuestro pa√≠s y deber√≠amos cuidarla m√°s entre todos frente a los ataques a los que se ve sometida a diario, tanto por quienes ostentan responsabilidades pol√≠ticas como por quienes formamos parte de la sociedad, fomentando el pensamiento cr√≠tico, rechazando apriorismos y haciendo posibles el dialogo y el entendimiento.

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Hay una frase de Simone de Beauvoir acerca de la lucha feminista que dice: ¬ęNo olvid√©is jam√°s que bastar√° una crisis pol√≠tica, econ√≥mica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos, deb√©is permanecer vigilantes toda vuestra vida¬Ľ.

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La polic√≠a del visillo no es nueva. Hist√≥ricamente las dictaduras se han apoyado en una s√≥lida red de confidentes para delatar a los traidores y a los cr√≠ticos con el sistema. Recordemos sin ir m√°s lejos la oscarizada pel√≠cula La vida de los otros (2006), desarrollada en 1984 en la Rep√ļblica Democr√°tica Alemana, donde se narra que la Stasi, la polic√≠a secreta del r√©gimen comunista, contaba con la inestimable ayuda de los vecinos de los sospechosos contrarios al Gobierno para espiarles y delatarles. Por eso resulta desalentador ver que la democracia y el reconocimiento de los derechos y libertades p√ļblicas es algo que no termina de estar nunca consolidado. Bast√≥ la suspensi√≥n cautelar de movimientos y la restricci√≥n de libertades para que un ej√©rcito de chivatos sirviera de forma acr√≠tica a las fluctuantes reglas establecidas por el Gobierno y se convirtieran en eficaces censores. Estoy segura de que detr√°s de estos comportamientos se escond√≠a la fantas√≠a de estar ejerciendo una autoridad delegada. Como en el famoso programa de televisi√≥n espa√Īola de los a√Īos sesenta Reina por un d√≠a, an√≥nimos ciudadanos se enorgullec√≠an de ser polic√≠as por un d√≠a. O quiz√° era liberador culpabilizar a terceros de lo que estaba sucediendo ante la dificultad de parar la transmisi√≥n del virus: los j√≥venes estaban matando a sus abuelos por salir con amigos, cenar en casa con familiares llenaba las UCI, y los madrile√Īos llevaban la muerte a las zonas de playa.

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No obstante, la falta de impulso pol√≠tico de una ley que permita gestionar de forma ordenada una pandemia bajo el mandato de una autoridad √ļnica centralizada y la declaraci√≥n de inconstitucionalidad de los estados de alarma nos han situado en una posici√≥n vulnerable ante una posible nueva crisis sanitaria. En determinados asuntos de Estado se deber√≠a hacer un esfuerzo de di√°logo y negociaci√≥n con todas las fuerzas parlamentarias para lograr el mayor consenso posible. Es irresponsable y negligente que, sabiendo lo que sabemos ahora, no se haya movido un dedo por legislar por ley org√°nica una forma jur√≠dica v√°lida de manejo de crisis sanitarias. Si proteger la vida y la salud de la poblaci√≥n no es un asunto de Estado, entonces ¬Ņqu√© lo es?

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Lo curioso de estas grandes organizaciones es que viven principalmente de los Estados naci√≥n, pues √ļnicamente clientes tan poderosos como estos pueden financiar sus proyectos y permitir su crecimiento. El dominio de la tecnolog√≠a por parte de un pu√Īado de organizaciones econ√≥micas las convierte en poderosos entes que proporcionan a los Estados los medios para su progreso, pero, al mismo tiempo, ejercen sobre estos un poder inusitado, al hacerlos dependientes de ellas mismas, sobre todo por la falta de competencia de terceros y por la incapacidad de los Estados naci√≥n de ser autosuficientes. Siguiendo con el ejemplo de los proveedores de telecomunicaciones, son ellos quienes suministran la red de internet tanto a los particulares como a las Administraciones y los someten a ella para el funcionamiento de todos los sistemas de gesti√≥n y organizaci√≥n interna.

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Germ√°n Teruel, doctor y profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Murcia, a quien escuch√© en una ponencia, se preguntaba si la utilizaci√≥n del algoritmo para filtrar la informaci√≥n que se nos presenta tanto a trav√©s de Meta como de otras Big Five no debe ser considerada una vulneraci√≥n del derecho al libre desarrollo de la personalidad consagrado en el art√≠culo 10.1 de nuestra Carta Magna, ya que, en la medida en la que se nos filtra la informaci√≥n de forma dif√≠cilmente reversible, se nos est√° condicionando la decisi√≥n que vamos a adoptar. Al igual que el tratamiento de datos nos ofrece una ¬ęexperiencia personalizada¬Ľ en materia de consumo, al aparecer en nuestros dispositivos solo aquellos productos y servicios que m√°s posibilidades tenemos de comprar, los datos tambi√©n act√ļan como filtro para ofrecernos la informaci√≥n p√ļblica.

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El abandono de nuestros derechos en manos de empresas privadas est√° consiguiendo que se normalice la ¬ęjusticia privada¬Ľ que ofrecen las plataformas, esa que no obedece al Estado de derecho ni al principio de legalidad, sino a rentabilidad econ√≥mica. El Estado est√° dejando de tener el monopolio del poder y permite invadir sus competencias a terceros sobre los que puede ejercerse, adem√°s, escaso control, lo que supone un ejercicio de abandono de su autoridad leg√≠tima.

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Como se√Īala Jonathan Haidt en La mente de los justos, obra en la que este psic√≥logo social y profesor de Liderazgo √Čtico trata de explicar las causas de la polarizaci√≥n social, ¬ęla intuici√≥n viene primero, el razonamiento estrat√©gico despu√©s¬Ľ. En la misma l√≠nea, Daniel Kahneman, en Pensar r√°pido, pensar despacio, donde este psic√≥logo y premio Nobel de Ciencias Econ√≥micas trata de explicar la forma en la que en ocasiones reaccionamos de forma irracional, expone que nuestra mente desarrolla nuestros pensamientos en dos fases. En la primera, se procesa la informaci√≥n de forma r√°pida e intuitiva, produci√©ndonos una emoci√≥n. En la segunda, se pasa a un razonamiento posterior m√°s lento y controlado que se limita a buscar argumentos que confirmen y expliquen lo que hemos hecho de forma autom√°tica. La raz√≥n estar√≠a al servicio de las emociones.
Esta tendencia es conocida por quienes utilizan estrategias de manipulación social y se basan en las emociones para controlar a la población, que buscará razonamientos prefabricados y puestos en bandeja para confirmar aquello que ha sido provocado desde fuera. La polarización queda servida: nadie escucha ni comprende al contrario y nos encerramos en guetos ideológicos sin apenas transferencias externas, protegidos por el grupo, con el que experimentamos sensación de pertenencia.